Y de repente imágenes vinieron de golpe y estallaron en mi mente. Recordé todo el tiempo que había pasado allí, tantos veranos y tantos puentes en pleno invierno. También recordé como solía dibujar en aquella mesa y especialmente recordé aquel día de verano en el que mirábamos con curiosidad a las nadadoras de las Olimpiadas de no sé que año. Ha pasado tanto tiempo y sin embargo son detalles poco llamativos que se han quedado grabados, de hecho recuerdo hasta los fuertes rayos del sol que se colaban aquel día por la ventana. Es curioso como la mente grava detalles que posiblemente sean insignificantes para cualquier otra persona, pero que a ti te traen innumerables momentos de tú infancia en los que estabas llena de tranquilidad y felicidad, por aquella época era soñadora, y también muy trabajadora, no sé, creo que esas virtudes mías se quedaron en alguna parte al ver que no todo es como te lo pintan y que muchas veces el esfuerzo no da sus frutos, quien sabe, puede que poco a poco estén volviendo a su ser. Pero sin salirme del tema, recuerdo con exactitud momentos como ese, o días en los que ordenábamos cartas juntos, veíamos los dibujos juntos o íbamos a cambiar cromos; no sé, muchas veces en eso consiste la felicidad de un niño, con prestarles interés se conforman, no necesitan nada más que cariño y atención... de hecho creo que en eso no he cambiado, mi madre dice que me conformo con poco y que a veces soy demasiado buena y por otra parte, también soy muy cabezota; es decir, encajaría perfectamente en la forma de ser de un niño, quizá no he crecido. Pero la mayoría de gente dice que para mi edad soy muy madura, supongo que he vivido muchas cosas, o más que vivir, por que dudo que a eso se le pueda denominar así, he pasado por muchas cosas. Supongo que seré la típica adolescente que no quiere crecer, de hecho me da pánico el número 18, lo veo como algo muy grande, y como siempre he dicho, por mí me hubiera quedado perfectamente con los 12 años o a lo sumo con 16. No sé, yo creo que hacer las cosas una segunda vez no es tan emotivo, bonito como lo quieras llamar como por primera vez, el conocerlos de antemano le quita magia al asunto. No es lo mismo ir a un sitio por primera vez y no conocer nada ni a nadie e ir conociéndolo poco a poco que ir ya por segunda vez que tienes todo demasiado visto y acaba siendo un coñazo si lo comparamos, aunque claro, dicen que las comparaciones son odiosas, pero es algo que no puedo evitar. Aun así hay cosas innovadoras y también lugares, de hecho, en mi pueblo, Escaño, donde he pasado los 17 veranos que tiene mi vida siempre estamos las mismas, pero siempre tenemos algo nuevo que hacer y nunca se nos hace pesado, no necesitamos de nadie más, con tres nos bastamos y nada se hace monótono. Puede que de eso se trate, de ser siempre la primera vez, de no copiar el patrón anterior o intentar llevarlo por aquel camino, sino de que cada vez que se repita la acción sea totalmente distinta, aunque hay cosas que no se puede innovar, lo mires por donde lo mires, y acabas perdiendo el interés por las mismas, por el simple hecho de que la primera magia ya no está y que ese sentimiento que te parecía fascinante probablemente no lo vuelvas a vivir, vivirás otros momentos fascinantes en nuevos sucesos, pero no en ese, pero siempre quedarán los recuerdos, que aunque sólo estén en ciertas mentes, no está de más recordar de vez en cuando.
Y como de costumbre otra vez me he desviado del tema. Que decir, me quedaré con aquellas sonrisas y con aquellos ojos verdes que no demostraban otra cosa más que cariño, además de con sus palabras. No podre volver a observarlo, pero gracia a esos detalles preciados que se quedan gravados en mi mente, en cualquier momento que necesite verlo sólo basta con que lo busque, y todo estará bien. Al igual que con muchas otras cosas.
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